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Bitacora de un Hotel-adicto (el origen)

No se cuando empezo mi adicción a los hoteles, en algún momento se convertieron en el centro de mi atención. A pesar de haber escogido estudiar Biología como carrera y programación como hobby, llevo más de quince años trabajando con y para los hoteles.

Mi primer gran recuerdo relacionado con los hoteles es de cuando yo debía tener unos 8 o 9 años. Por circunstancias que no vienen al caso, mi madre me dejo solo en un hotel del sur de Italia durante una semana. No estaba sólo del todo, porque una tia lejana (creo que era tan lejana que no era ni tia) pasaba de vez en cuando por el hotel y tambien una mujer bastante joven que se ospedaba en el hotel y que habia trabado amistad con mi madre, se ocupaba de echarme un vistazo. Bueno, por lo que recuerdo, la joven, que se llamaba Nella, estaba bastante ocupada todo el día coqueteando con los chicos que no paraban de visitarla, asi que tampoco me prestaba mucha atención.

El hotel, que ya no existe, no era ninguna maravilla. Era el tipico hotelito de pueblo del sur de Italia, que en la recepción tiene un bar-pastelería-estanco-tienda de todo, que consigue tener algo de movimiento durante los 3meses de verano, y entra en letargo durante el resto del año. La decoración del hotel, igual que la de la mayoria de los de su clase, era pretenciosa y sobria a la vez. Podias encontrar una prácticas sillas de plastico al lado de presuntuosas lamparas doradas y un mueble frigorifico para los helados, rompiendo la poca harmonía que hubiese en la cafetería.

Como he dicho, el hotel lo cerraron, pero el pueblo sin embargo sigue exisiendo y se mantiene casi igual que hace 30 años. Se llama Bovalino Marina, y se encuentra en la región de Reggio Calabbria. Sus desiertas playas estan bañadas por el Jonico y en verano el pueblo alcanza temperaturas de 50º a la sombra. (Esto último puede que sea una exageración de las muchas que sueltan por ahi, yo no he sido capaz de medir nunca esas temperaturas porque la escala de mi termometro acaba en 45º)

A pesar de que hace casi 30 años de esto, mantengo recuerdos muy claros de aquellos días en que me dedicaba a pulular por el hotel bajo la mirada indiferente de sus empleados, pasando tardes enteras observando el ir i venir de los huespedes y los conserjes.

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